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Desde mi país natal, Camboya, con un grupo de literatas amigas iniciamos un viaje a un lugar muy remoto; Chile. Antes de partir habíamos averiguado acerca de tours por la capital de Santiago y el "Tour MIK" nos pareció el más conveniente e interesante, ya que incluía destinos que a nuestro parecer se nos hicieron fascinantes. El tour comenzó a las 10:00 am, desde la enorme agencia rosada de tours "Santa Úrsula", donde nos esperaba una simpática guía llamada Magdalena. Ella nos condujo caminando y luego en bus al metro de Santiago, estación Escuela Militar, la cual me pareció bastante moderna pero muy concurrida y atochada. Ese calor dentro del subterráneo y más aun dentro del vagón, me hicieron olvidar por un momento el frío que hacía afuera. La gente era de diversas edades, pero todas con la misma expresión en el rostro, la cual reflejaba un apuro y stress, probablemente producidos por el trabajo y en otros más jóvenes también por la farra. Lo que me causó mayor asombro entre la juventud, fue su peculiar manera de peinarse; pelo más menos largo con chasquilla y parado y desordenado en el casco. Algunos usaban diversos aros en las partes más curiosas de la cara.
Finalmente bajamos en la última estación, llamada Quinta Normal, donde nuestra guía Magdalena nos explicó acerca de aquel sector, cuándo se había formado y para qué. Fue muy interesante saber una pequeña reseña histórica antes de visitar otros lugares. Desde ahí caminamos hacia el MAC (museo de arte contemporáneo), que para nuestra desgracia estaba cerrado.
Con el deseo de haber podido entrar nos dirigimos hacia el Centro Cultural Matucana 100. Este lugar muy pintoresco, nos ofrece varias salas de teatro, cafeterías y novedosas exposiciones de arte. Luego de ver el panel de exposiciones y obras te teatro que se estaban realizando en aquel lugar, entramos a una exposición titulada "Do it", que la consideré un tanto precaria aunque esa halla sido la idea. No estuvo mala, pero me hubiese gustado haber podido comer uno de los dulces de la enorme torre caramelos, que se encontraba en el segundo piso de la exposición.
A la salida nos obsequiaron un folleto y una entrada para una obra de teatro que se realizaría ese mismo día, a la que por falta de tiempo no asistí.
Cruzando la calle nos encontramos con la maravillosa Biblioteca de Santiago; un enorme edificio amarillo opaco, con retoques modernos en vidrio. En él nos detuvimos un largo rato, para poder visitar todas las salas y secciones de aquella infraestructura. Para mí en ese momento, fue mucho más relevante la calefacción del lugar y no los libros, ya que me entumía de frío.
A las 12:00 del mediodía, emprendimos camino con mis colegas camboyanas literatas y nuestra guía Magdalena, a recorrer las pintorescas calles, hasta llegar, a mi gusto, al "pic" de esta travesía; la Peluquería Francesa. Se trata de una peluquería y barbería exclusivamente para hombres, al más puro estilo antiguo. Sus sillones, implementos y hasta las personas que atendían, reflejaban perfectamente ese ambiente de antaño. Por la entrada lateral, accedimos a un precioso salón de té, en el cual la mayoría de las antigüedades estan a la venta. Ese fue el lugar, en que realmente lamenté la falata de tiempo, pero aun así observé cada detalle detenidamente y prometí alguna vez volver, aunque ya haya regresado a Camboya.
Después de aquel enorme transtorno que me produjeron las antigüedades, concurrimos a la Plaza Brasil, rodeada de diversos pubs, a los cuales van jóvenes universitarios en la mayoría, a pasar un buen rato por las noches.
Ya rondando el hambre, la cual me hizo perder el hilo rápidamente del tour, solo pensaba en un magnífico Mc'donals. Veía frente a mis ojos solo la imagen de un Big Mac con papitas fritas. Fuimos a una Iglesia, en la cual había un funeral, pero esas imagenes solo son difusas, ya que el hambre estaba más patente que nunca. Solo cuando llegamos por fin al Mc'donals recuperé un poco el conocimiento, pero realmente lo recuperé por completo con el estómago lleno, donde me dí cuenta de la inmundicia y grasitud en la que estabamos insertas. Rodeadas todas mis compañeras camboyanas de palomas carnívoras (especie única en el mundo, que habita solo en el centro de Santiago), dispuestas a matarse entre sí por un pedazo de comida rápida. En ese momento entré en colapso y me di cuenta que nisiquera me había lavado las manos para comer, después de haber tocado cuanta cosa pude y me percaté que el tour favorablemente terminaba aquí, para poder llegar a lavarme las manos a un lugar más pulcro.
Tomando un taxi y escuchando reggaeton, volvimos sanas (creo) y salvas a la agencia turística.
Reflexionando en la noche sobre la experiencia que había vivido, rescaté todo lo enriquecedor que fue mi deslumbrante itinerario. Conocer nuevos lugares, que probablemente no volvería a visitar jamás después de volver a Camboya, me hizo sentir nostalgia, pero a la vez una profunda alegría por haber estado ahí.
Ahora les dejo algunas páginas web de lugares que conocí y diversas fotos, denominadas por mí "La nostalgia urbana".